miércoles, 20 de mayo de 2009

Hong Kong

El viaje en avión desde San Francisco a Hong Kong con escala en Vancouver fue muy cómodo y sin ningún contratiempo. Cada asiento tenía su pantallita de televisor con miles de canales para elegir desde películas hasta música haciendo muy amenas las 14 horas de vuelo.

Al llegar a Hong Kong notamos de golpe el calor y tras pasar por la oficina de información y turismo y salir bien documentados montamos en el autobús que nos llevaría a Kowloon para buscar nuestro alojamiento. Nada más bajar del autobús nos rodearon como unos veinticinco indios ofreciéndonos alojamiento como desesperados. La verdad es que nos agobió un poco esta sitación que no esperábamos pero salimos airosos plantándoles cara y regateando un buen precio por nuestra habitación.


Al día siguiente fuimos a tramitar el visado para China y como queríamos que nos saliera barato tuvimos que esperar cuatro días, sin contar fin de semana, para obtenerlo. Así que seis días fueron más que suficientes para conocer esta gran ciudad.
Nuestra primera comida china coincidió con la celebración del cumpleaños de Maider y fuimos a comer a un buen restaurante donde saboreamos la especialidad de la casa: ganso rustido con una riquísima salsa dulce. Todo esto acompañado de otros deliciosos platos que nos aconsejaron probar. Disfrutamos mucho de esta comida, pero no todos los restaurantes son tan fáciles como éste y afortunadamente de momento las cartas aunque aparezcan en chino tienen fotos que ayudan mucho a la hora de elegir.
Hong Kong es una mezcla de comidas asiáticas donde puedes encontrar restaurantes japoneses, turcos, indios, tailandeses, vietnamitas, etc. Nosotros hemos ido probando casi todos... y de momento estamos iniciándonos con los palillos.
Nunca habíamos sentido el famoso jet lag como los dos días posteriores a la llegada a Hong Kong, donde dormíamos a todas horas y a las tres de la mañana ya estábamos con los ojos abiertos.
Esta es una ciudad muy cosmopolita, multipoblada pero ordenada (menos mal) y bastante educada. Posee el mejor sistema de transportes que hayamos visto y con la ayuda de una tarjeta llamada "octopus card" puedes montar en cualquier transporte descontándotelo al pasar por el rodillo, con esta tarjeta también se puede pagar una botella de agua por ejemplo en cualquier comercio.
Hay mucha gente por todos lados y a todas horas pero te sientes muy seguro, algo que ya echábamos de menos. Hablar de Hong Kong es hablar de compras, está llenísimo de mercados al aire libre, como el de Temple Street y centros comerciales cada dos manzanas. Todo el mundo lleva bolsas de compra en la mano y por supuesto mercados de comida donde encuentras cosas extrañas como lagartos secos, huevos extraños, pescados vivos etc.

Pudimos visitar los templos de Man Mo y Tin Hau donde cientos de espirales de incienso abarrotan sus techos. Y en la isla de Lantau fuimos a visitar la estatua del Buda Tian Tan, la mayor estatua del mundo de Buda sedente de bronce al aire libre, a la que se puede subir por 260 escalones.
Cada día a las ocho de la noche desde el muelle de Kowloon se puede observar el espectáculo de luces de la isla de Hong Kong que tanta gente atrae y para nuestro parecer tampoco muy recomendable.


Y bueno ya con nuestro visado chino en la mano nos despedimos de esta locura de ciudad que tanto nos ha sorprendido.

martes, 19 de mayo de 2009

San Francisco

Seis horas después estábamos en San Francisco donde nos acogió amablemente nuestro querido amigo Ross, aquel chico que conocimos en nochevieja en El Bolsón y quien se ofreció a darnos alojamiento y a llevarnos por todos los lugares posibles en día y medio que estuvimos en esta ciudad. Desde que pisamos San Francisco tuvimos una sensación de tranquilidad debido al ritmo de vida que se respira tan relajado y al buen rollo que nos transmitía Ross y su hermana Loren.
Nada más llegar del aeropuerto nos recogió con su coche y fuimos a hacer un tour rápido por la ciudad para ver las cosas más típicas como el Golden Gate, las coloridas casas de las calles Ashbury y Haight donde se respira un ambiente muy hippie y donde vivieron los que comenzaron el movimiento hippie de la época como Janis Joplin, las típicas calles en pendiente por donde el mítico tranvía con la prisión de Alcatraz de fondo y la conocidísima calle Lombard con su bajada serpenteante entre bonitas casas blancas con jardines.
Por la noche en casa de Loren, donde dormíamos, nos prepararon una rica cena vegana y descansamos ya que teníamos una diferencia horaria de tres horas.
Al día siguiente Ross nos preparó un bonito día de "adventure" como decía él... para llegar allí recorrimos la carretera de costa hacia el sur contemplando preciosas aunque frescas playas y pueblitos muy típicos californianos. En primer lugar visitamos el Parque Año Nuevo, cerca de San Francisco, donde pudimos pasear por un sendero junto al mar hasta llegar a la playa donde descansan cientos de leones marinos con sus crías. Desde allí fuimos al conocido Parque Redwood donde se encuentran los árboles más grandes del mundo los conocidos “Sequoias”, los cuales llegan a medir hasta más de 100 m y 11 m de diámetro, como también por ser una de las zonas ecológicas destinadas a la conservación de la flora y fauna en los Estados Unidos. La verdad es que nos hicieron sentirnos como seres diminutos al caminar junto a ellos. Hicimos un trekking de dos horas adentrándonos en el parque y disfrutando mucho de la tranquilidad y la inmensidad de este lugar de California.
Todos los pueblos de alrededor incluyendo San Francisco tienen nombre de misioneros que llegaron a la América de la época incluyendo el fraile, que también tiene una calle, Fray Junípero Serra (la calle donde vivimos) con el que nos hicimos una foto... nunca sabes lo que te encuentras en el viaje.
Y con mucha pena ya se nos iba acabando el día en esta ciudad que tantas ganas teníamos de conocer y que nos sorprendió muy gratamente. Y donde aquí a nuestro parecer si que podríamos vivir... ya que hay mucha paz, mucha naturaleza, gente muy concienciada con la ecología, bonitas playas, buen clima y rico vino.

Nueva York

Como era de esperar (ya que mi aura no se debe llevar muy bien con EEUU) al llegar al aeropuerto de Orlando (escala a Nueva York) debieron confundir mi nombre con el de algún otro Sánchez "non grato" por lo que retuvieron mi pasaporte e hicieron unas cuantas llamadas y conversaciones antes de dejarnos correr por los pasillos porque perdíamos el avión a Nueva York. Finalmente gracias a un pasajero ebrio que daba problemas y retrasó el despegue conseguimos montar en el avión que en menos de tres horas aterrizó en el JFK de Nueva York.
Una muestra evidente del tamaño de una ciudad es su plano de metro y el de Nueva York es casi un póster (sin exagerar), si lo despliegas dentro del metro casi hay que salirse del vagón para leerlo. Eso fue lo primero que nos llamó la atención, las dos horas de trayecto de metro desde el aeropuerto hasta Manhattan, también llamada la gran manzana, aunque más bien podrían haberla llamado las 270 manzanas que cubren de suer a norte este gran "barrio" de Nueva York.
Nosotros dormíamos en el barrio negro por excelencia llamado Harlem donde parecíamos dos puntitos blancos en tan gran lugar. La verdad es que aprovechamos el tiempo y caminamos muchísimo pues en dos días nos dió tiempo a ver practicamente todo Manhattan.
El primer día lo ocupamos en pasear por sus grandes avenidas, subir al impresionante Empire State desde donde se puede ver casi toda la ciudad si la visibilidad lo permite, pasear por la 5ª avenida hasta el Rockefeller Center y flipar con las tiendas de alto standing y las limusinas que llenan su gran avenida, caminar por Wall Street (es distrito financiero de la ciudad), entrar en silencio al ver caer alguna que otra lágrima mientras las manos depositaban flores sobre los alrededores de las antiguas torres gemelas, pasear por la avenida Broadway hasta llegar a Times Square y alucinar con los carteles luminosos publicitarios que abarrotan este cruce de calles.
Y tras tomar una cerveza y un batido de chocolate contemplando guitarras de Linkin Park y The Doors en el Hard Rock Cafe nos fuimos a lo que fue el capricho de la estancia en Nueva York: ver un musical en Broadway, en este caso el de Mary Poppins. He de reconocer que no imaginábamos que íbamos a alucinar tanto y a salir tan contentos de ver ese pedazo de espectáculo a pesar de no dominar bien el inglés. Fue una mezcla perfecta de voces, interpretaciones, decorados móviles alucinantes y por supuesto magia y fantasía, todo ello unido de la manera más inimaginable. Fue tanto lo que disfrutamos que al salir del musical ya no nos pareció tan cara la entrada de 46€ (la más barata) y cantábamos alegremente supercalifragilisticoespialidoooooso...
Y al salir del musical Times Square parecía no haber dormido y seguía abarrotado de gente entre su espectáculo de carteles luminosos.
Al día siguiente fuimos a visitar la Estatua de la Libertad, símbolo de libertad de América (será en EEUU sólo... jeje) que nos pareció más pequeña de lo que imaginábamos. Desde allí fuimos a Ellis Island, practicamente convertida en museo vivo de los antiguos emigrantes que ahora pueblan este gran país. Allí graficamente se veían datos e imágenes de los primeros emigrantes de cualquier rincón del mundo para conseguir un mejor futuro y luchar por el sueño americano.
Desde esta pequeña isla fuimos nuevamente a Manhattan para pasear por el barrio East Village, donde las diferentes lenguas se entremezclan con el inglés mientras el batiburrillo de comercios de todas las nacionalidades pasan al ritmo de los pasos.
Después de comer en Mc Donalds (el presupuesto no da para más en esta carísima ciudad) fuimos a terminar la tarde de domingo y nuestras últimas horas en la ciudad en el gigantesco Central Park donde cada escenario te hacía recordar el de alguna película. La verdad nos ponemos en la piel de un neoyorquino y debe apetecer que llegue el domingo para perderse paseando por este inmenso parque de casi 57 manzanas de largo.
A parte de la diversidad cultural nos llamó mucho la atención el tema de la comida y bebida que es tan frenético como el ritmo de la ciudad que no duerme. No nos extraña que haya tanta gente obesa viendo el precio de la comida de un restaurante normal y el precio en estas franquicias. En Manhattan hay más de 40 Mc Donalds y todos ellos casi siempre abarrotados, algunos parecen incluso lujosos como el de Broadway y otros no cierran en las 24 horas del día. Aunque siempre tienes la opción de ir a China Town o la pequeña Italia a comer algo más barato.
Y así pasaron estos dos días, tan rápidos y aprovechados como el ritomo a que te lleva esta impresionante ciudad, eso sí, impresionante para visitar y para nuestro punto de vista no para vivir.

Bogotá

En ocasiones en este tipo de viajes no organizados cambias de destino sin darte cuenta. Es lo que nos ocurrió al llegar a la terminal de autobuses de Santa Marta ya que ni los horarios, ni el tiempo de viaje nos convenía para viajar a nuestro destino intermedio a Bogotá. Por lo que decidimos viajar directamente a la capital del país.
Bogotá es una gran ciudad y como tal es difícil conocerla a no ser que lo hagas con alguien de allá como nos ocurrió en Buenos Aires con nuestra siempre recordada familia de la calle Varela. Por tanto los tres días que nos restaban antes de viajar a EEUU los empleamos en preparar el viaje, comprar algunas cosas necesarias y planificar los días en Nueva York y San Francisco antes de cruzar (nunca mejor dicho) el gran charco.
El centro histórico en el barrio de la Candelaria muy parecido a lugares como Santiago o Lima. Y ya con muchos nervios cerramos nuestras mochilas y nos dirigimos al aeropuerto para volar a una de las ciudades más vivas e impresionantes que hemos vivido... Nueva York.

domingo, 3 de mayo de 2009

Taganga

Como a tantas otras personas siempre nos había apasionado el buceo con snorkel y siempre nos había rondado por la cabeza sacarnos algún día el Open Water PADI (curso que te acredita para bucear en cualquier lugar del mundo).
Lo habíamos mirado varias veces pero el precio era demasiado elevado para un capricho como este (unos 1000 euros por persona en Ibiza).
Pero un día estando en Uyuni, Bolivia, conocimos a un chico irlandés que nos dijo que Taganga era el lugar más barato del mundo para sacar este curso de acreditación mundial (160 euros por persona).
Y en dos días ya estábamos con el equipo puesto y a punto de meter la cabeza en el agua para respirar por primera vez allí abajo.
Nunca se olvida ese momento cuando comienzas a descender lentamente y a respirar mientras escuchas el sonido relajante de la inspiración por la boca y comienzas a desplazarte cual astronauta con gravedad cero con movimientos lentos pero agradables.
Nuestra primera inmersión junto con Ana (nuestra profesora) fue como abrir las puertas de otro mundo alucinante y lleno de vida.

La primera sensación de verte rodeado de peces como en un acuario, corales de colores, plantas enormes y extrañísimas para nuestros ojos, rocas con formas increíbles. Plantas de varios centímetros que se escondían a nuestro paso en pocos segundos, etc.. no podemos describirlo ni con palabras ni con imágenes, tan solo con sentimientos.

Y como nos dijo Roberto al contratar el curso (es el dueño de la escuela de buceo “Océano” muy recomendable) ..” Os aseguro que cuando volváis el primer día ya nos volveréis a ser los mismos, pasareis a formar parte del club de los enfermos”..y así fue .. es algo tan increíble para contároslo que solo lo sabe el que lo ha hecho.

Y en estos cuatro días llenos de experiencias durante las ocho inmersiones que hemos hecho junto con el examen para obtener nuestro carnet PADI hemos alucinado con la cantidad de vida subacuatica que hay en este precioso lugar del caribe.
Sabéis que debajo del agua a unos 20 metros de profundidad es más difícil oír los sonidos ¿no? Pues el grito de alegría que soltó Maider a través de su regulador de aire lo escuchó hasta la tortuga marina que nadaba a nuestro lado, vacilándonos con sus aletazos que le impulsaban con ligereza por el fondo.
Vimos tantos peces de colores y de tantos tamaños que nos sería imposible recordarlos todos..como dicen aquí ves más animales en el agua en 10 minutos que en 10 días en la superficie.
Ana agarró con sus manos un pez globo que se hinchó de inmediato sacando sus espinas mientras respiraba a mil por hora mirándonos asustadísimo… luego al soltarlo nadó como una flecha.
Maider pasó más cerca de una enorme morena verde de lo que le hubiese gustado..jejeje.. afortunadamente solo le miró atenta.
Gino agarró el pez más pequeño que hemos visto nunca, como de 1 milímetro (lo vio porque era azul intensísimo), también puso en nuestras manos una araña de mar que recorría la palma de la mano antes de irse nadando.
Cogieron langostas para mostrarnos lo rápidas que nadan al soltarlas, pasamos nadando cerca de un banco enorme de peces.
Y lo más impresionante de todo es que debían sentirnos como parte del mar porque nadaban a nuestro lado sin inmutarse.
Y aunque es una zona tranquila también pudimos sentir una corriente en contra que nos arrastraba en dirección contraria pero que nuestra profe nos ayudó a superarla agarrándonos de la mano. Según ella es algo que es necesario experimentar para saber lo que se debe de hacer en estos casos. Y aunque se ve el agua poco clara es debido a la falta de luz ya que no es lo mismo hacer snorkel a 3 metros que bajar hasta 20 o 25 metros de profundidad donde la luz es mas débil, aunque la visibilidad en nuestros días de buceo dicen que no fueron las mejores que suele haber.

Y con muchísima pena dejamos este bonito lugar en un rincón de nuestra memoria y os recomendamos 100 % no solo que vengáis a Colombia sino que algún día si podáis experimentar todas estas sensaciones inexplicables pero tan enriquecedoras.
Y como dicen los habitantes de Taganga el único peligro que tiene viajar por Colombia es que te querrás quedar para siempre.

Cartagena de Indias

Y bueno antes de continuar con la explicación de porque atravesamos el país de sur a norte tan rápido comentaros que el motivo principal y si no hay contratiempos el 13 de Mayo vamos a comprobar que el mundo es redondo viajando a Hong Kong para iniciar otro viaje muy distinto por tierras chinas.
Para economizar el viaje haremos unas paraditas en EEUU (sale muchísimo más barato).
Por tanto debido a que no tenemos demasiado tiempo para estar por tierras colombianas decidimos viajar en bus durante 25 horas desde Cali hasta Cartagena de Indias, bañada por el caribe.
El viaje fue cansado pero de nuevo super bonito por sus paisajes verde intenso; en ningún lugar hemos visto tantísimos kilómetros de vegetación tropical.
Cartagena de Indias, en su parte antigua es una ciudad colonial muy bien conservada, llena de casas con grandes balcones repletos de buganvillas que los hacen destacar enormemente.
Esta ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO está rodeada de una gran muralla de piedra que da al mar con torreones en sus esquinas.
A pesar de que es una ciudad muy turística pensamos que el centro amurallado quizás sea el mejor a nuestro parecer de todas las ciudades coloniales visitadas hasta el momento.
Y aunque la brisa del mar refresca Cartagena el calor es insoportable.
Cartagena tiene una especie de pequeña península que se adentra en el mar como un spaghetti desde la ciudad antigua.
Este lugar quizás sea el más pijo de la ciudad, lleno de enormes edificios departamentales a pié de playa y con una anchura de lado a lado de la península de no más de cinco cuadras de ancho por varios kilómetros de largo.
Allí también se concentran casas tipo adosadas y chalets así como muchos restaurantes para todo tipo de bolsillos.
Desde Cartagena parten muchos barcos hasta Panamá ya que se considera una de las formas más faciles de ir hasta su capital.
Por si no lo sabíais la frontera entre Panamá y Colombia es muy complicada de atravesar vía terrestre debido a las selvas que separan ambos países.
Y como el tiempo apremiaba en un día partimos hasta nuestro siguiente lugar en el viaje.

Popayán

A tan solo 3 horas de Otavalo está la frontera con Colombia. No se si por motivos de enemistad o políticos pero fue la única frontera que tuvimos que atravesar caminando por el puente que atraviesa el río que hace frontera entre los dos países.
Nada mas sellar los pasaportes cogimos un colectivo hasta la terminal de buses de Ipiales y allí una buseta (así llaman aquí a los pequeños buses de 20 pasajeros) que nos llevo rápidamente hasta Popayán.

Fueron 9 horas a través de la carretera con más curvas que hemos atravesado enb todo el viaje y quizás en nuestra vida. Maider reconoce haber sido el peor viaje de su vida por el mareo que agarró y le duró 9 interminable horas.
Popayán es un lugar super bonito con cientos de casas de un blanco inmaculado con balcones de madera oscura y plantas sobre sus barandillas.
Tiene una preciosa parte viaje con unos puentes de piedra para atravesar el rio muy bien conservados.
También tiene una bonita plaza mayor con un parque central con enormes árboles y demás plantas tropicales.
Sus calles están muy cuidadas y no ves ni un papel en el suelo.
También comenzamos a ver la preciosa variedad de colores de piel de sus gentes.
Y los paisajes a pesar de llevar pocos días aquí, quizás nos atrevamos a decir que son los que más nos están impresionando.
La gran cantidad de horas necesarias para atravesar el país de sur a norte, con más d e35 horas, han sido de extremada belleza y como comentamos al viajar para nosotros Colombia no es blanca como todos los medios intentan transmitir sino verde intenso, con olor a café y adornada con los bonitos colores de piel de sus gentes.

Otavalo

Otavalo quizás sea el lugar que más auténtico nos haya parecido de todo Ecuador y el único lugar dónde se respeta bastante el seguir llevando ropa típica del lugar incluso por lo más jóvenes.
También es un lugar famoso por sus mercados que por supuesto le dan mucha vida.
Hay enormes puestos de frutas bien ricas y muy baratas. Nos sigue sorprendiendo poder comprar una rama de bananas por 20 céntimos o una piña por el mismo precio.
Está claro que son diferentes países con diferentes economías pero en España pagas 2 o 3 euros por un KG de fruta que no sabe a nada mientras que el campesino sólo cobra 50 céntimos.
Este tipo de cosas del consumismo que tanto amamos son cosas que te paras a pensarlas detenidamente y no son muy lógicas ni razonables. Pagar mucho, poca calidad etc.. por nuestro hábito de comprar en una determinada gran superficie.

Aquí también se organizan mercados de venta de artesanías hechas básicamente con lanas y telas donde elaboran hamacas de mil formas y colores.
Los sábados Otavalo es famoso por su mercado de animales y sus peleas de gallos que no pudimos ver por dos motivos, el primero es que no coincidimos en sábado y el segundo es que Maider odia cualquier cosa relacionada con peleas animales.
Y así dejamos Ecuador, un país que quizás por su similitud con otros paisajes ya vistos no nos sorprendió tanto como esperábamos pero donde sin duda hemos pasado unos días muy agradables.